6.8.13

Gran tierno

luengo, el extremeño
Hablaba la noticia de un tal Agustín Luengo, gigante de Extremadura. De vida azarosa, allá por los albores del pasado siglo. Soportando la diferencia en un mundo que no es delicado con las cosas pequeñas...ni con las demasiado grandes.

Oigo un grito dentro de mi cabeza cuando duermo.Despierto y recuerdo que ese grito es mío. Y sin embargo no me pertenece. Como nunca llegó a pertenecerme este cuerpo. Este cuerpo que me convierte a los ojos de los otros en un monstruo. No me quejo. He tenido una buena vida, después de todo. En el pueblo era peor. No me importaban las burlas de los malintencionados. Lo que me llenada de dolor era la mirada de vergüenza que Padre me negaba.Fue un alivio para ambos el día que me vendió por setenta reales y un surtido de baratijas con las que entretener a la familia. No lo echo de menos.
En el circo no me sentía un bicho raro y viajábamos. Viajábamos tanto. Las actuaciones no siempre eran agradables.Dependiendo de la audiencia, las cosas podían llegar a ponerse feas... Me mantenía la ilusión de que una noche se cruzara con mi mirada la de una moza capaz de ver más allá de este cuerpo mío. Que nunca llegó a pertenecerme del todo. Ahora menos que nunca. Lo he vendido.Una fortuna me han dado por él. ¡Idiotas! Si acaso yo lo hubiera cambiado gratis. Ni con la mitad de mi oro logré el amor, aunque al menos me dió para pagar un poco de ternura con la que sentirme como cualquier hombre...
Cierro los ojos. Estoy muy cansado últimamente. Los paseos diarios a la casa del médico me cansan más de lo que nadie pudiera esperar. Es como que desde el día que acepté su dinero, la vida me está abandonando. Es quizá mi castigo por haber vendido este cuerpo que nunca fue mío. Hoy menos que nunca, pues lo han comprado. Me duele. Si cierro los ojos puedo oir un grito. Mi propio grito que nunca pronunciaré en alto. No quisiera asustar a la gente. A los niños. No quisiera que alguna moza oyera gritar al gigante y del susto, no pudiera ver más allá de este cuerpo mío...

1 comentario:

Ornelia Cabrera Santana dijo...

decía Marilyn que nadie veía tampoco más allá de su cuerpo...

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