8.11.09

una habitación con vistas

una habitación con vistas

la cruda realidad

the ugly truth
Mari salió desencantada del cine. Qué pesadez, otra típica peli de treintañeras desesperadas por encontrar el amor. Cualquier conversación con mis colegas sobre el tema sería mucho más instructiva. La risa desempañó su mal humor. Mi amigo Pedro , sin ir más lejos, resumió en una sola frase este verano, la inestabilidad emocional de algunos con: Mari, que jarto estoy ya de follar de pie.

los puentes

puentes como liebres
Pasaba bajo un puente de Londres. Iba en el coche de la pasajera que se sentó por casualidad a su lado en el vuelo. Y eso que no solía hablar nunca con nadie en los aviones. Quizá esa vez por los nervios, por la exitación de enfrentarse a lo desconocido, no podía quedarse callada. Necesitaba hablar, aunque fuera de nada. Coincidió que la dirección de unos amigos, de otros amigos que llevaba como única referencia, era casualmente, al lado de donde vivía esta buena mujer, que se ofreció a llevarla. Para que luego digan que en las grandes ciudades la gente va sólo a lo suyo. Así que diez minutos después de salir de la gran ciudad que es en sí mismo el aeropuerto de Gatwick, se encontraba cómodamente sentada en un coche desconocido, agradeciendo su suerte, rumbo a la otra gran ciudad desconocida. Él estaba allí de pie, sobre el puente, con la mirada perdida hasta que la fijó en ella. Ella no pudo evitar perderse en aquellos ojos sin parpadear. Fue cosa de un segundo. Pasados los años, no recuerda el motivo que la impulsó a ese viaje relámpago. Pero se acuerda aún de alguien sin rostro con el que su mirada se tropezó en un puente que ninguno de los dos pudo llegar a cruzar.

29.10.09

ballenas

cetácea
Mi correo de gmail da la opción de personalizar la cabecera. Con mi indecisión natural dudo entre mirar hacia arriba desde el fondo del mar, o mirar hacia abajo desde las estrellas. La libertad exige la continua toma de bifurcaciones en la vida, aunque sea en el humilde tuneado del email. Y a mi me pilla en un momento en el que ya no sé qué color es mi preferido, ni mi comida, ni mi película, ni nada. Porque las viejas clasificaciones no me sirven, son como una camisa vieja que me aprieta y me clava las costuras, no me dejan libertad de movimiento. Estoy haciéndome otra a puntadas, sin idea en sastrería, más bien lo contrario, desastrería. Al final opto por sumergirme en el mar. Cualquiera interpretaría eso freudianamente como el intento de volver a la seguridad amniótica. Yo voy más lejos en la evolución: sueño con ser un antepasado anfibio, un mamífero acuático, una Moby Dick aventurera, que a golpe de dorsal, limpia de la superficie todos los barcos balleneros... Pero esa es otra historia.

27.10.09

true-man

truman
Encuentro a mi lindo gatito convertido, de un segundo para otro, en adolescente. Como tal, quiere marcar su independencia y se aventura él solo, por las huertas y jardines de detrás de mi casa (es lo que tiene vivir a 10 minutos, que en seguida el campo se te cuela en el patio de atrás). Vuelve desgreñado y cargado de pulgas. Al principio me preocupa que le pase algo, Sabe tan poco de la vida, me digo adoptando una pose que me recuerda sospechosamente a una madre que prometí nunca imitar, ni siquiera en mi relación con los gatos . Se lo cuento a mi padre por teléfono, en una de estas en que nos distraemos de dar el parte metereológico de nuestras respectivas ciudades, Eso lo solucionas castrándolo, me aconseja. Ya veo cómo percibes tú las relaciones, gracias, pero no gracias. Después me preguntarán ellos, mis progenitores, de dónde he sacado yo esta fobia al compromiso. Ay. Truman rasca en la puerta para que le deje entrar. Al final, hasta los adolescentes más rebeldes regresan al hogar donde saben que los esperan. Mejor que no estén castrados, para que, en caso de que vuelvan, sepas que es porque ellos quieren.

 
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