8.8.08

el peluquero

el peluquero
La culpa la tiene el peluquero. Todo empezó a ir mal el día que convenció a mi padre para que me hiciera ese corte de pelo tan moderno en la capital. Lo peor fue que ese corte me lo hizo a los siete años y ya nunca más el artista recibió otra inspiración.
Así pues mi imagen quedó por siempre marcada con ese look en los albums familiares, año tras año. La mía y la de todos los habitantes del pueblo. Al fin y al cabo era el único artista del pelo a muchos kilómetros a la redonda. A él acudíamos en eventos especiales como bodas, entierros... y viajes.
La penúltima vez que lo vi fue un mes antes de mi partida. Yo no tenía ni idea de las consecuencias de lo que este simple rito de paso tendría en mi futura existencia. El corte de pelo que ya había pasado a convertirse en una marca de fábrica, no sólo de mi personalidad, sino de la de mi pueblo entero, me señalaba. Me marcaba con una cicatriz, un letrero con un mensaje claro: No eres de aquí. Me ponía en desventaja cuando buscaba trabajo. Cuando me cruzaba con la autoridad, de nada servía que bajara los ojos, mi pelo hablaba por mi.
Así fue como empecé a acordarme del peluquero, nunca para nada bueno, y a mandarle maldiciones por lo bajo. Supongo que tengo algo de brujo, porque no hace mucho, volví a verle. Dejé que el odio quedara reemplazado por la compasión. Pedía en el Metro, con peor ropa que la mía.Sin zapatos. Y por primera vez en la vida, su pelo había dado de lado su dichoso peinado.

2 comentarios:

Ornelia dijo...

Leí una vez un artículo sobre Corea del Norte, donde en las peluquerías sólo se perditen 6 tipos de corte de pelo oficiales, basados todos en la imagen de su alto líder...

pelucheaspero dijo...

Alto por las alzas, claro

(claro que sé cuándo es tu cumple, dar)

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Gracias Pero No Gracias por Ornelia Cabrera se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.